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¿Qué nos impulsa a promover una mentalidad de colaboración?

por | 19/01/2022

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Hace unas semanas hablaba de cómo nuestra manera de comprender el poder como un modo de dominación sobre otros es eso, un modo de comprenderlo, no el único. También podemos incorporar en nuestras empresas, en nuestros equipos, una relación con el poder más sana promoviendo la mentalidad de colaboración.

¡Pero ojo!, porque existen dos situaciones claras donde hacerlo, promover esa mentalidad de colaboración, es una excusa. Una trampa que nos hacemos, o una trampa que hacemos a las demás personas.

Hacernos trampa

Nos hacemos trampa a nosotros y nosotras mismas cuando apostamos por la colaboración como un modo velado de eludir nuestro propio poder. Como si al compartirlo se notara menos que somos poderosos, poderosas.

Las personas que hacen esto, a menudo tienen un segundo temor que impulsa la acción anterior: evitar enfrentamientos y conflictos.

Según sus creencias, si se muestran con todo su poder, los demás podrían considerarles una amenaza y confrontarles. Sin darse cuenta, estas personas están igualmente funcionando bajo la mentalidad de dominación.

La mentalidad de colaboración no elude el poder al compartirlo, al contrario, lo potencia.

La mentalidad de colaboración tampoco evita los conflictos, ni los niega. Asume que forman parte del proceso de colaborar.

Cuando compartimos el poder y trabajamos conjuntamente para alcanzar nuestro propósito, surgen necesariamente conflictos de intereses. Lo importante entonces, no es evitar ni negar el desencuentro, sino tener las herramientas y las habilidades para poder trascenderlo.

Hacer trampa a los demás

Hacemos trampa a las demás personas cuando nuestro discurso de colaboración está vacío. Hueco de voluntad real. Cuando solo es una fachada que contenta, de entrada, y
decepciona después.

Las personas que actúan así, a menudo suelen partir de dos motivaciones:
• una voluntad narcisista de gustar,
• o la ignorancia sobre las capacidades reales de la organización en esos momentos.

Lo importante es pensar bien qué es lo que impulsa ese deseo de colaborar; que seamos más conscientes de las trampas que podemos llegar a hacernos y que evitemos que las personas de la organización se sientan engañadas. Porque cuando esto sucede, cuando las personas se sienten engañadas, se rompen los vínculos de confianza. Y es difícil volver a reconstruirlos.

*Imagen @tiempodeaprender

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Comentarios

3 Comentarios

  1. Mónica Santolaya

    Bueno, bueno… qué joyita nos regalas Elena.
    Ganas me dan de «repetir» tu formación que tanto me ayudo a conocerme en esa compleja relación que cada uno (o al menos, yo) mantenemos con el poder y a identificar en otros comportamientos, actitudes, emociones.
    Gracias Elena por todo lo que nos ofreces.

    Responder
    • Elena

      ¡Gracias Mónica! Aprendiz aventajada 😉

      Responder
  2. Javier Adrián

    Pues la verdad, no era consciente de este concepto de colaboración – trampa.
    En mi caso, siempre he intentado ser una persona colaborativa y que trabaja en equipo, no para reducir/diluir responsabilidades sino porque realmente considero que dar cancha al equipo, contextualizar, involucrar, hace que el resultado final normalmenta sea mejor.
    Por contra, tras leer tu reflexión…ahora identifico reuniones o situaciones en las que me he encontrado por terceros, que responden a esta trampa que comentas.

    Responder

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