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Georg Senoner y las 4 habitaciones del cambio de Claes Janssen

por | 23/09/2026

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En el marco del programa de Liderazgo Sistémico con Constelaciones Organizacionales, Georg Senoner, consultor italiano y pionero de este trabajo, utiliza habitualmente las 4 habitaciones del cambio, un modelo del psicólogo sueco Claes Janssen.

La forma que Georg le da a este modelo tiene un impacto muy grande en el trabajo con equipos a distintos niveles. Por supuesto, es una herramienta muy útil para la gestión del cambio, pero, además, su propuesta ofrece un marco muy eficaz para potenciar la participación, la seguridad psicológica, el autoliderazgo y la reflexión necesaria para el aprendizaje real de los equipos y las personas.

Estos son algunos principios importantes que extraigo de mi aprendizaje con Georg para entender su modo de trabajar las 4 habitaciones:

1. Tenemos identidad. Eso nos distingue de todo «lo otro». La tenemos y queremos conservarla; si no, dejamos de ser lo que somos y nos convertimos en otra cosa.

2. Necesitamos adaptarnos. Somos para algo, así que continuamente necesitamos adaptarnos al contexto en el que vivimos. Pero necesitamos hacerlo de un modo que cualquier cambio que resulte de esta adaptación nos permita seguir siendo «quienes somos» sin seguir siendo «lo mismo».

3. Tenemos buenos motivos para pensarlo bien antes de cambiar. La identidad y la adaptación se viven en una continua tensión difícil de gestionar. Al cambiar podríamos perder nuestra esencia; a su vez, si solo miramos a nuestra esencia, perderíamos nuestra capacidad de adaptación y podríamos dejar de existir…

4. Las emociones nos informan del estado de esta tensión, facilitando o dificultando los procesos de fortalecimiento de la identidad o de la adaptación al contexto.

5. Esta tensión es tan inevitable como necesaria para asegurar que, en el proceso de desarrollo de cualquier sistema, se siga conservando tanto la esencia como la capacidad de adaptación. El cambio es esta danza que se crea desde el mismo instante en el que un sistema nace.

6. Nos hacemos mapas mentales de cada situación. Cada persona tiene el suyo y los usamos para navegar en ellas.

Claes Janssen propone uno de esos mapas, una forma de comprender el cambio con muchas posibilidades.

Las habitaciones del cambio de Janssen

Cuando la vivencia de cambio emerge en un equipo, organización o persona, podemos hacer, entre otras muchas, dos distinciones muy significativas:

  • la voluntad de cambiar o no (decir sí o no al cambio);
  • la sensación de satisfacción o insatisfacción ante ese cambio.

Estas dos distinciones tienen valor por sí mismas. Cruzadas en una matriz, dan como resultado el modelo de las cuatro habitaciones del cambio.

Las habitaciones, además de tener un sentido en sí mismas, ofrecen una ruta. Para asegurar una tensión creativa entre identidad y adaptación, el camino del cambio nos lleva de una habitación a otra.

1. Habitación de la satisfacción: Satisfacción sin cambio

Lo característico de la primera habitación es decir NO al cambio con una emoción agradable: la satisfacción.

Cuando estamos a gusto con lo que hacemos, es lógico que no queramos cambiar. Es el lugar donde nos encontramos con lo que merece la pena, lo que ya funciona, todo aquello que es importante que permanezca y que, si vamos deprisa, podría perderse. A veces los proyectos no avanzan porque estos aspectos quedan muy expuestos.

Para avanzar hacia la siguiente habitación, la acción es CUIDAR.

Algunas preguntas que ayudan a transitar a la siguiente:

¿Qué es muy importante tener en cuenta que ya funciona y no queremos perder? Como resultado de este cambio, ¿qué es seguro que no habrá cambiado?

2. Habitación de la negación o resistencia: Insatisfacción sin cambio

La segunda habitación es un decir NO al cambio con una sensación más desagradable: la insatisfacción.

Si sentimos miedo ante lo nuevo que viene, es natural que veamos sobre todo los riesgos y tendamos no solo a no movernos, sino también a intentar evitar que el resto se mueva. Queremos evitar un potencial problema, incluso a costa de generar rechazo en otras personas. Nos resistimos a cambiar sin asegurar que los riesgos están siendo tenidos en cuenta.

Esta habitación nos ayuda a visualizar y dialogar sobre esos posibles riesgos. Sin tenerlos en cuenta será difícil avanzar; si seguimos aferrados a ellos, también.

Una vez observados los riesgos, para dejar de aferrarnos necesitamos SOLTAR. Así, es clave dejar de hacer algunas cosas para dar espacio, tiempo y energía a algo nuevo. A menudo son cosas que fueron importantes y necesarias (y que necesitan ser reconocidas), pero quizá ya han cumplido su función. Es un esfuerzo especial de toma de conciencia que conviene proteger.

Algunas preguntas que ayudan a transitar a la siguiente:

¿Qué podemos dejar de hacer ya? ¿Qué ha cumplido su misión y podemos soltar sin perder nuestra esencia, aunque quizá duela?

3. Habitación de la confusión: Insatisfacción con cambio

En la tercera habitación permanece la insatisfacción, solo que diciendo ya que SÍ al cambio. Es querer cambiar, pero aún no saber cómo hacerlo de otra manera.

Cuando dejamos de hacer lo que conocemos, entramos en un espacio donde predominan las dudas. Aquí la oportunidad es poder parar y reflexionar.

Para avanzar necesitamos ACLARAR.

Es un momento de desajuste, aún de tensión. Sabemos lo que no vamos a hacer, pero todavía no sabemos bien qué va a emerger. Es fácil fluctuar entre esta habitación y la anterior.

Algunas preguntas que ayudan a transitar a la siguiente:

¿Qué necesitamos aclarar, investigar o conocer mejor para seguir avanzando? ¿Qué necesitamos pensar más, mejor, con más criterio, para asegurar los pasos?

4. Habitación de la innovación: Satisfacción con cambio

La cuarta habitación es el lugar de decir que SÍ desde una sensación positiva, de satisfacción.

Es el lugar de la nueva acción, del PROBAR, testear.

Se trata de hacer en pequeño, de incorporar cambios a través de prototipos y experimentación, sin esperar a grandes estructuras, moviendo lo que está en nuestras manos. Aprovechamos el viento de cola del sí y de la satisfacción para explorar y generar lo nuevo.

Algunas preguntas que ayudan a asegurar esta habitación:

¿Qué nuevas ideas emergen de este trabajo? ¿Qué podríamos empezar a hacer nuevo ya y está en nuestras manos? ¿Cuál sería un buen primer paso?

Si podemos empezar cualquier proceso con más claridad sobre qué es esencial cuidar y no perder, cuáles son algunos de los potenciales riesgos del camino, sobre qué sería bueno reflexionar un poco más y qué pequeños pasos son ya posibles, tenemos un poderoso mapa mental para avanzar sin dejarnos nada ni a nadie atrás.

Esta es una apuesta de liderazgo audaz y poderosa.

Todas las habitaciones son necesarias

Cuando lideramos o acompañamos equipos, es posible que pongamos mucha atención en la primera y la última habitación. A veces se nos pasa por alto que las habitaciones de la insatisfacción tienen mucho que aportar para completar cualquier proceso y asegurar su sostenibilidad.

A veces damos por hecho que todas las personas han de estar a favor del cambio y nos dejamos mucha gente atrás. Otras, damos por hecho que todo el mundo debe estar siempre satisfecho y que la insatisfacción puede ser síntoma de falta de compromiso. También entonces nos dejamos gente atrás.

Usando este mapa podemos ser mucho más inclusivos y dar espacio a conversaciones que no estaban siendo posibles por otros medios.

Hay algunas notas del modo de trabajar de Georg que son especialmente importantes para mí:

Tratamos de tener en cuenta el estado y el mapa mental de cada persona y de todo el equipo para adaptar las acciones desde el liderazgo.

Las cuatro habitaciones son una metáfora, un mapa para explicar cómo están las personas de un equipo y ayudarles a explorar otras miradas. Y, como todo mapa, son una simplificación de la realidad. Renunciamos a muchos matices para poder encontrar algunas inspiraciones.

No elegimos la habitación en la que nos hallamos. Nuestras emociones hacen ese trabajo y nos sitúan allí de un modo poco consciente. Culpabilizarnos o culpabilizar a alguien por estar ahí no ayuda.

Es muy útil dar permiso y reencuadrar el valor de cada habitación para traer a la reflexión lo importante de cada una.

Cuando estamos en una habitación, solo vemos lo que hay en ella. Cuando nuestra atención está puesta en lo que hay que cuidar, solo vemos eso… Si nuestra posición no es escuchada, difícilmente exploraremos más allá de sus límites.

Sentir que nuestra posición es escuchada nos permite explorar otras posiciones, rebajar los muros entre habitaciones y preguntarnos: ¿todo el mundo está viviendo esto de la misma manera?, ¿qué perspectivas ofrecen quienes están en otro lugar?, quienes estamos en la misma habitación, ¿vivimos con el mismo grado de satisfacción o insatisfacción lo que está ocurriendo?, ¿qué matices hay?

Lo fundamental es hacerlo desde un lugar emocionalmente seguro, donde expresarse desde una vivencia no sea expresarse desde una «identidad».

Las cuatro habitaciones están expresando información importante para el sistema. No se trata de la «victoria» de la innovación sobre la resistencia. La unión de todos los mapas mentales es la que permite construir un sentido compartido.

Tener un mapa más completo ayuda a tomar mejores decisiones, porque en él quedan reflejados no solo los deseos, sino también los riesgos, las dudas y lo que ya funciona.

No buscamos el consenso (esto es una ilusión óptica), sino la ALINEACIÓN de todos los mapas.

Y, si la escucha no es real, puede vivirse como un engaño o una manipulación y alimentar las resistencias.

Georg lo expresa así:

«Todos tenemos miedos;
todos tenemos deseos;
si sentimos que nuestros miedos no están siendo escuchados, se despiertan nuestras defensas
».

Ante el cambio, ante esa tensión entre identidad y adaptación, el miedo es natural.

Las cuatro habitaciones pueden contribuir a reducirlo si tenemos permiso para dialogar desde donde estamos y no desde donde «deberíamos estar»; si todas las posiciones son tenidas en cuenta en el mapa completo de la situación; y si ninguna bloquea o fuerza a las otras.

De manera fluida y con herramientas sencillas, el uso que Georg hace de las cuatro habitaciones permite abordar conversaciones difíciles sustituyendo los juicios por lugares desde los que comprender dónde estamos; reflexionar sobre nuestra posición y explorar otras; dar un sentido constructivo a espacios que habitualmente interpretamos de forma negativa, como la resistencia o las dudas; y generar espacios de participación en los que lo común pueda emerger con mayor facilidad y seguridad.

También ayuda a activar la inteligencia colectiva y a alinear los mapas de cada persona en un relato más compartido, que da congruencia y aumenta la comunicación en el sistema.

Su estructura sencilla y clara permite avanzar en tiempos cortos manteniendo altos niveles de seguridad psicológica.


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